Spoofing: cuando un correo suplanta tu identidad
Un correo puede parecer enviado por una persona conocida, una empresa o incluso por tu propia dirección. El spoofing aprovecha esa confianza para hacer que un engaño resulte mucho más creíble.

¿Qué es el spoofing?
Muchos términos relacionados con la tecnología proceden del inglés y, en ocasiones, su nombre no deja claro el peligro que representan. Spoofing puede parecer un término técnico sin demasiada importancia, pero hablamos de suplantación de identidad.
En el correo electrónico, el spoofing consiste en manipular o falsificar la identidad aparente del remitente para hacer creer a la víctima que el mensaje procede de otra persona o entidad.
Spoofing y phishing suelen ir de la mano
El spoofing puede utilizarse dentro de un ataque de phishing para aumentar su credibilidad. Si un mensaje parece proceder de un compañero de trabajo, una empresa conocida o una persona de confianza, es más probable que bajemos la guardia.
Cuando parece que te has enviado el correo tú mismo
Existe una variante especialmente llamativa: recibir un mensaje que aparentemente procede de tu propia dirección de correo electrónico.
En el ejemplo que analizamos en el vídeo, el atacante utiliza esta técnica para intentar convencer a la víctima de que su cuenta ya ha sido comprometida. A partir de ahí, utiliza el miedo para conseguir que siga sus instrucciones.
En este tipo de estafas es frecuente encontrar amenazas, urgencia e instrucciones para que no hables con otras personas. Tiene sentido desde el punto de vista del atacante: cuanto más aislada esté la víctima, menos posibilidades existen de que alguien detecte el engaño.
Cómo detectar un posible spoofing
No existe una única comprobación definitiva, pero varias señales pueden ayudarte a descubrir que algo no encaja.
1. Observa el contenido del mensaje
Algunos mensajes presentan formatos extraños, restos de plantillas, HTML visible o una redacción poco natural. Históricamente estas señales eran bastante frecuentes, aunque la inteligencia artificial permite generar actualmente mensajes mucho mejor escritos, por lo que ya no debemos depender únicamente de ellas.
2. Que conozcan tus datos no demuestra que te hayan hackeado
Algunas campañas intentan asustar mostrando una contraseña antigua, una dirección u otro dato personal. Esa información puede proceder simplemente de una filtración de datos ocurrida años atrás.
Comprueba especialmente si los datos que muestran siguen siendo actuales. Una contraseña antigua puede resultar inquietante, pero no demuestra por sí sola que el atacante tenga acceso actualmente a tu cuenta.
Utiliza contraseñas únicas para cada servicio y cámbialas inmediatamente si sospechas que alguna ha sido comprometida. Y, desde luego, evita seguir utilizando aquella contraseña que creaste hace media vida.
3. Comprueba quién ha enviado realmente el correo
Si el mensaje parece proceder de ti mismo y alguien afirma haber comprometido tu cuenta, comprueba tus sesiones, actividad reciente y elementos enviados. La ausencia del mensaje en Enviados no demuestra por sí sola que sea falso, pero sí es una señal más que debes investigar.
Si supuestamente lo envía un compañero, amigo o empresa, revisa cuidadosamente la dirección y el dominio. Los atacantes pueden registrar dominios muy parecidos cambiando una letra por un número, duplicando caracteres o realizando otras pequeñas modificaciones.
También puede ocurrir que la cuenta legítima de otra persona haya sido comprometida. En ese caso la dirección será correcta, por lo que si el mensaje resulta extraño lo mejor es confirmar la petición mediante otro canal, por ejemplo una llamada telefónica.
4. ¿Tiene sentido lo que te están contando?
Analiza el contexto. Si alguien asegura que lleva meses observándote a través de tu webcam y tu ordenador ni siquiera tiene cámara, la historia pierde bastante credibilidad. Muchos ataques utilizan mensajes genéricos enviados a miles de personas esperando que alguna víctima encaje con la historia.
5. Revisa las cabeceras del correo
Si quieres realizar una comprobación más técnica, las cabeceras del mensaje contienen información sobre los servidores por los que ha pasado el correo y los mecanismos utilizados para autenticarlo.
SPF permite comprobar si el servidor que envía el mensaje está autorizado por el dominio. DKIM utiliza una firma criptográfica para verificar el mensaje y su relación con el dominio firmante. DMARC permite al propietario del dominio establecer una política y comprobar la alineación de SPF y DKIM.
Un fallo en SPF o DKIM puede ser una señal importante, pero no significa automáticamente que el mensaje vaya a terminar en spam. El resultado depende también de DMARC, de la configuración del dominio y de los sistemas de protección del proveedor de correo.
Que aparezca el nombre de tu banco, de tu empresa o de una persona conocida no demuestra quién ha enviado realmente el mensaje. Comprueba la dirección completa, el dominio, el contexto y, cuando sea necesario, las cabeceras.
Comprueba antes de confiar
El spoofing funciona porque tendemos a confiar en identidades que reconocemos. Un nombre conocido o incluso nuestra propia dirección puede hacernos reaccionar sin comprobar el mensaje. Ante una petición extraña, especialmente si incluye amenazas, pagos o urgencia, verifica primero la identidad por otro medio.
Un caso real explicado en vídeo
En el vídeo analizamos un correo que intenta convencer a la víctima de que su propia cuenta ha sido hackeada utilizando una aparente suplantación del remitente.
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